Como cualquier otro día, despiertas y te sientas a trabajar por inercia. Pero, a medida que avanza la mañana, descubres que algo no funciona como siempre. La calle permanece silenciosa. Y entonces una sabe que el mundo está en otro lugar que
no es ese. No es lo mismo que trabajar por la noche cuando todos duermen. No es lo mismo, sino todo lo contrario: este silencio inesperado que inunda la calle los días
festivos de primavera no me observa a mi. Soy yo quien lo observa. Y
una solo puede rendirse a su influjo y salir a jugar con lo incontrolable.
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Acequia. Ramón Gaya |
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