Estoy haciendo el caldo de Navidad,
del dios Saturno y el ocaso del
año.
Hermanada por fin con lo que no
puedo,
encauzada en lo que sí.
Le he puesto una cantidad muy
medida del amigo que me ama
y a quien no correspondo,
ciertas gotas apenas de su aroma
incondicional
que me sigue
a donde quiera que voy y que haga.
Añadí los tuétanos de la cría que
cuidé veinte años en soledad,
de su sabor insondable
a entrañas y fondos antiguos;
un hilo de almizcle añejo y sangre
de la madre que no tuve;
y la frescura de un buen puñado de amigos
con los que canto al atardecer.
Le he puesto entero un corazón
guardado hasta ahora silenciosamente
Para que hierva y se deshaga a fuego lento.
Para que encuentre en tu cuerpo al comerlo