domingo, 21 de febrero de 2010

La insoportable gravedad del ser

A Georges Perec (de vuelta)
Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y va a la canción, y van al beso
M. Hernández
I

Mirabas la rama tierna y verde del helecho de mi comedor
ignorando su nombre, todo de ella
y una planta no es como un perro
ante quien no puedes permanecer neutro
una planta no te pide nada
podrías pasarte toda la vida mirándola - te calma -
sin agotarte.
Lo único que podrás será querer ser tú mismo el árbol.

II
Has observado tu reflejo hasta perderte el sentido
has jugado hasta la extenuación con las piezas y tus cosas
hasta dejar de alimentarte.
Pero al final, no estás muerto, ni eres más sabio.

III
No has aprendido nada, salvo que la soledad no enseña nada
La indiferencia es inútil. Puedes querer o no querer, ¡qué más da! Jugar o no
                                                                                                           / jugar …
Yo seguiré estando ahí
como esa pared sin la cual el cuadro carece de sentido
como esa pared que quisiste olvidar colocando un cuadro
es imposible convertirse en árbol y  pretender transcurrir sin esperar nada
sin deseo
incluso tu silencio no para de hablar
y por más que huyas
no eres aquel sobre el que la historia no tiene peso
el que no sentía caer la lluvia, el que no veía llegar la noche.

Tienes miedo, esperas. Esperas, en la place Clichy, a que la lluvia deje de caer.


5 comentarios:

  1. muy chulo el poema, la lluvia dejara de caer y saldra el sol y si no sale, pues a disfrutar mientras llueve mirando por la ventana junto a un chimenea, y si no hay chimenea, una manta

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